Gran variada de pesca en Hudson

El sábado fui invitado por Marcelo Gaston y Jorge al río de la plata a buscar dorados.
Salimos a las 15 horas desde Hudson y luego de navegar 10 minutos tiramos líneas de fondo con lombriz para sacar bagres y poder juntar carnada.
En el mismo lugar cambiamos las líneas por boyas grandes que dejábamos que se aleje de la embarcación para luego detenerlas y esperar los piques de dorado.
Lamentablemente el día anterior fue de tormenta y con viento norte lo que hizo que el agua este muy color chocolate.
Estuvimos toda la tarde entretenidos con la pesca de manduva, paty y algún que otro doradillo chico que se desprendían de nuestros anzuelos
La tarde espectacular para la pesca y como siempre la pasamos muy bien
Gracias Jorge, Marcelo y Gastón por la invitación

 

Dorados y variada en el Rio Uruguay y el Aº Martinez

Amigos
Fui invitado por mis amigos Gustavo y Dany a pasar un día de pesca por el día del curtidor.
En esta oportunidad nos dirigimos hacia Villa Paranacito donde en la lancha de Pablo nos dirigimos a una casa container en la desembocadura del Martínez con el río Uruguay. Propiedad del dueño de la guardería Los Pinos quien tan gentilmente nos prestó el lugar para que pasemos el día asado de por medio.
Tuvimos piques de doradillos, bagres, y algunas bogas chicas. La idea era pasar un hermoso día entre amigos y comernos un asado
Acá les dejo las fotos

Enormes Truchas en el Rio Limay Valle Encantado

¡Ah, las maravillas de la pesca en el Río Limay! La aventura comenzó temprano en la mañana con Marcelo y La Gringa, dos amantes de la pesca. Partimos rumbo a Valle Encantado, y el sol ya empezaba a calentar el cielo despejado, augurando dos días perfectos.

El río Limay, estaba desbordado. El agua rugía con fuerza, pero eso solo añadía emoción a nuestra jornada. La Gringa, siempre optimista, decía que eso era señal de buena pesca. Y así fue.

El primer día, nos instalamos en la costa y preparamos nuestras cucharas ondulantes, esos engaños que parecen hipnotizar a las truchas. Las lanzamos al río, dejando que las corrientes las llevaran, mientras esperábamos con ansias el primer mordisco. El clima era agradable, con una brisa suave que nos acariciaba el rostro y el sol brillando con intensidad, haciendo que todo resplandeciera.

¡Y vaya si tuvimos suerte! En cuestión de horas, Marcelo sintió el tirón. La caña se dobló y comenzó la batalla. Entre risas y gritos de emoción, sacó una trucha gigante que debía pesar al menos 3 kilos. La Gringa no se quedó atrás y, con su característico entusiasmo, también logró atrapar una trucha de casi 5 kilos. Fue una jornada de pesca memorable, con truchas que oscilaban entre 2 y 5 kilos, cada una más impresionante que la anterior.

La noche cayó y compartimos historias y anécdotas mientras disfrutábamos de la comida y planificábamos el día siguiente. Nos dormimos bajo un cielo estrellado, soñando con nuevas capturas.

El segundo día fue igual de mágico. El sol volvió a acompañarnos y las truchas parecían estar de buen humor. Las cucharas ondulantes seguían haciendo su trabajo, y cada captura era una celebración. El río desbordado, lejos de ser un obstáculo, se convirtió en nuestro aliado, ofreciéndonos una experiencia de pesca inolvidable.

Al final de nuestra aventura, nos quedamos mirando el río, agradecidos por los momentos vividos y las increíbles truchas que habíamos atrapado. Marcelo y La Gringa, con sus sonrisas radiantes, sabían que esos días en el Limay serían recordados por siempre. Y así, con el corazón lleno de alegría, emprendimos el regreso a casa, ya soñando con la próxima salida de pesca.

Pejerreyes en Berisso, que nunca defrauda. Piques, corridas y matungos

Era un hermoso sábado. El sol brillaba con esa calidez que invita a salir al aire libre, y yo me sentía emocionado por la jornada de pesca que nos esperaba. Había planeado esta salida con mis amigos Alberto, Dany, Adolfo y Omi, y no podía esperar más. Nos dirigimos al Río de la Plata, cerca del famoso canal Mitre, un lugar que prometía ser un verdadero paraíso para los amantes de la pesca.

Cuando llegamos, Joaquín ya estaba allí, esperándonos con su característico entusiasmo. Buscalo en instagram como @hasainjoaquin, Joaquín es un apasionado de la pesca y un guía excepcional. Desde el primer momento, nos hizo sentir como en casa. Su risa contagiosa y su energía positiva nos envolvieron, y rápidamente todos nos pusimos a charlar y a prepararnos para la aventura.

Mientras organizábamos el equipo, yo no podía evitar sentirme entusiasmado. La boya bigotera que íba a utilizar había demostrado ser muy efectiva en el pasado, y Joaquín nos aseguró que, tendríamos una buena oportunidad de pescar pejerreyes.

Una vez en el bote, la emoción era palpable. El agua brillaba bajo el sol, y todo parecía perfecto. Hicimos los primeros lanzamientos, y mientras esperaba que la boya se moviera, no podía evitar mirar a mi alrededor. El sonido del agua, el canto de los pájaros y la compañía de mis amigos creaban una atmósfera mágica. Después de unos minutos, Dany, que estaba justo a mi lado, gritó: "¡Tengo uno!". Todos nos giramos hacia él, y, efectivamente, su boya estaba completamente sumergida.

Dany luchó con el pez, y al final, logró sacar un pejerrey de aproximadamente 1 kilo. La alegría en su rostro era contagiosa. "¡Miren este matungo!" exclamó, y todos comenzamos a aplaudir. La emoción de ver el primer pez del día nos llenó de energía. La pesca estaba empezando bien.

Luego fue el turno de Alberto, quien rápidamente siguió el ejemplo de Dany. Su boya también se movía, y con un poco de esfuerzo, logró sacar otro pejerrey que, si bien no era tan grande como el de Dany, seguía siendo un buen pez.

La mañana continuó así, entre risas y anécdotas. La boya bigotera seguía demostrando su eficacia, y cada vez que la lanzábamos, había una buena posibilidad de que algo picara.

Con el paso de las horas, la cantidad de pejerreyes en nuestra hielera iba en aumento. Adolfo, siempre el bromista del grupo, comenzó a contar historias exageradas sobre los pejerreyes que había atrapado en el pasado. "¡El último pesqué uno que pesaba dos kilos!", decía con una sonrisa pícara, mientras todos reíamos de sus relatos.

En ese momento, Joaquín nos sugirió que intentáramos un nuevo lugar, así que nos movimos un poco más cerca del canal Mitre. Mientras navegábamos, el sol seguía brillando, y la temperatura era ideal. Iba sintiendo que la tarde prometía más sorpresas. Una vez que llegamos a nuestro nuevo destino, lanzamos nuestras líneas una vez más, y la espera comenzó de nuevo.

De repente, mi boya comenzó a moverse con fuerza. "¡Es un matungo!", grite emocionado. La tensión era palpable mientras luchaba por sacar el pez del agua. Finalmente, después de unos minutos de intensa batalla, logre traer a bordo un hermoso pejerrey que superaba el kilo. La alegría fue desbordante. Todos celebramos la captura como si hubiera sido un récord mundial.

Con el sol comenzando a descender y el cielo pintándose de tonos anaranjados, decidimos que era hora de hacer un último esfuerzo. Joaquín, siempre optimista, nos dijo: "Este es el momento perfecto para los matungos". Lanzamos nuestras líneas una vez más, y mientras la tarde se desvanecía, las boyas flotaban tranquilamente.

No pasó mucho tiempo antes de que mi boya comenzara a moverse otra vez. Al principio, pensé que era solo la corriente, pero luego sentí un fuerte tirón. "¡Tengo uno!", grité, sintiendo la adrenalina correr por mis venas. La pelea fue intensa, pero finalmente logré sacar a un pejerrey que, aunque no era el más grande, era sin duda el resultado de un dia fantástico.

Al regresar a la costa, el grupo estaba exhausto pero satisfecho. Habíamos tenido un día increíble en el Río de la Plata, lleno de risas, buenos momentos y una buena cantidad de pejerreyes. Mientras nos despedíamos, ya comenzamos a planear nuestra próxima aventura, sabiendo que días como este son los que realmente importan. La pesca no solo se trata de atrapar peces, sino de crear recuerdos y disfrutar de la compañía de buenos amigos. Sin duda, este día quedará grabado en mi memoria por mucho tiempo.

Quienes participamos de la salida fuimos Alberto, Dany, Adolfo, Omi y yo edgard
Para seguir las aventuras de Joaquín, pueden encontrarlo en Instagram: @hasainjoaquin.

Gran pesca de pejes en Berisso !!!

Este sábado, un grupo de amigos decidió embarcarse en una emocionante jornada de pesca. AlbertoDanyAdolfoOmar (quien hizo su reaparición después de unos años) y yo, nos reunimos con gran entusiasmo para disfrutar de un día en el agua.

Preparativos y Salida

Antes de zarpar, realizamos el correspondiente rol en prefectura, asegurándonos de que todo estuviera en orden.

Navegación y Comienzo de la Pesca

Navegamos aproximadamente 15 km hasta llegar a la grúa hundida, el lugar donde íbamos a iniciar el garete. Sin embargo, el río estaba enojado, con olas altas y en bajante, lo que complicaba la navegación y el equilibrio sobre el trucker.

La Experiencia de Pesca

No tardamos en comenzar a tener piques. Los piques se sucedieron uno tras otro, ¡incluso tuvimos varios dobletes!

  • Tamaños: Los pejerreyes eran de tamaños variados, lo que añadía emoción a cada captura.
  • Captura total: Al final de la jornada, logramos atrapar un total de 140 pejerreyes, de los cuales decidimos devolver al agua unos 20 que no alcanzaban la medida.

Cierre de la Jornada

A las 15:00 horas, dimos por concluida la jornada, satisfechos con la pesca que habíamos tenido.

Costos de la Aventura

  • Valor por persona: $45.000
  • Entrada a la marina: $2.000
  • Guía Rodolfo para Joaquín

La experiencia fue increíble y todos disfrutamos de la camaradería y la emoción de la pesca. Sin duda, un día para recordar, lleno de risas, anécdotas y, por supuesto, ¡buenos pejerreyes!

Para seguir las aventuras de Joaquín, pueden encontrarlo en Instagram@hasainjoaquin.

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